LA AMISTAD DE JESÚS Y PEDRO ES EL MEJOR ‘BROMANCE’ DE LA HISTORIA

the shackEl ‘bromance’ de Jesús y Pedro te inspirará a tener una relación genuina con Dios

Los corrientazos subieron por las piernas de Pedro y el hueco en su estómago creció. Quien estaba en la playa era Jesús.

¡Jesús ha resucitado! Esa era la noticia viral entre los discípulos. Todos estaban alegres excepto uno. Aun cuando esta verdad alegraba su corazón, para él la felicidad no podía ser completa. Pedro sentía que le había fallado a su amigo, nadie podría entender esa sensación. Lo de Pedro era un tema personal entre Jesús y él. La tristeza lo inundaba todo el tiempo, incluso cuando sabía que Jesús estaba vivo. Pedro no podía sacar de su mente la última vez que cruzo su mirada con su amigo: los ojos llenos de amor del maestro observándolo, recordándole que ambos sabían lo que había ocurrido: Pedro había pecado.

Pedro decidió que volvería a donde Jesús lo había rescatado. Dejaría a un lado su misión de ser pescador de hombres y retornaría a esa playa, de donde tal vez nunca debió salir, para volver a ser un simple pescador.

La red una vez más salía vacía y el sentimiento de frustración aumentaba. Pedro sentía que ni siquiera era bueno para pescar. Justo en ese momento se escuchó a lo lejos:

—¡Echen la red a la derecha de la barca!

Qué más daba, hicieron a regañadientes lo que aquel sujeto de la playa les indicó. Cuando volvieron a subir la red estaba repleta de pescados. Pedro lo supo de inmediato, nadie más podría hacer este tipo de milagro. Aquel sujeto de la playa era… Él. Los corrientazos subieron por las piernas de Pedro y el hueco en su estómago creció. Quien estaba en la playa era Jesús. Pedro sin pensarlo tomó la decisión de su vida: se lanzó al agua.

Pedro nadaba hacia la orilla, no podía dejar de pensar en qué le diría; temía pero a la vez anhelaba ese momento en que volvería a cruzar una mirada con Él. Pedro tocó tierra y temblando se dirigió hacia Jesús. El maestro estaba concentrado en crear brasa para hacer el desayuno.

—Alcánzame ese par de pescados—dijo Jesús—.

Pedro obedeció y cuando le pasó el desayuno pudo ver las heridas en sus muñecas mientras Jesús lo recibía. Entonces se miraron. Pedro sintió que se moría al ver esos ojos de amor y esa sonrisa cómplice. Jesús resucitado, Dios soberano le estaba haciendo el desayuno. ¿Cómo romper el hielo? ¿Qué decir? ¿Se acordaría de su pecado?

Jesús sabía que Pedro sufría en silencio, entonces preguntó en tres ocasiones:

—¿Simón tú me amas?

Pedro en las tres oportunidades y con lágrimas en los ojos afirmó:

—Sí señor, tú lo sabes todo y sabes que te amo.

No hubo cuestionamientos, ni preguntas sobre los motivos de la falla. Nadie habló de consecuencias ni hubo compromisos para blindar la relación. Jesús había perdonado a Pedro antes de que el pescador se lanzara al agua. Lo único que le interesaba al maestro era recordarle su amor a Pedro. Desde ese día, Pedro entendió de qué se trataba el mensaje de salvación. El discípulo cumplió el propósito de Dios para su vida hasta el final de sus días, se equivocó muchas veces, pero nunca volvió a negar a su Salvador.

A Jesús no le interesa tu pecado, aun teniendo el derecho de juzgarte prefirió perdonarte, igual que a Pedro. Él está interesado en restablecer su relación contigo pero necesita que tomes una decisión para poder acercarte a su paz: lánzate al agua y atrévete a tener una conversación sincera con Él. No pierdas el tiempo, tírate al agua y nada hacia la playa que Jesús quiere mirarte a los ojos, para preguntarte:

—¿Tú me amas?

 

Fuente: http://www.worthradio.com/

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