¿Dónde prefiere estar Jesús?

Dónde prefiere estar Jesús

Creando conciencia solidaria

Por: Martín Carrasco

 

Los fariseos intentaban comprenderlo, los religiosos lo miraban de reojo, las personas lo seguían… el Galileo caminaba entre ellos, sin formalidades ni autobombos, sin especulaciones humanas ni expectativas manipulatorias. Caminaba en Galilea con total naturalidad, prefería los lugares sencillos, caso contrario, cuando debía ir a Jerusalén “endurecía su rostro”. La religión lo alejaba, lo endurecía. Lo acercaba la intimidad con amigos, el compartir a la luz de las velas con Lázaro, Marta y María. Lo alejaba y lo endurecía la crítica despiadada del inactivo crónico, lo endurecía toparse con Carlitos Mr.

Religiosus, mas lo acercaba que los niños quieran estar con Él. Se encontraba feliz de caminar junto a la gente, de liberar a los endemoniados, de sanar a los leprosos, pero lo endurecía, lo entristecía, confrontar a peritos expertos en el legalismo. Saltaba de alegría y se regocijaba, diciendo: “Te alabo Padre porque mostraste la revelación a los niños, y se las escondiste a los sabios y entendidos” (Mateo 11.25)

Lo endurecían las estructuras de poder, los intereses mezquinos y egoístas, no lo íbamos a encontrar en la bolsa de valores verificando si sus inversiones subían o bajaban puntos en las grandes capitales del mundo. Se escapaba de aquellos que querían hacerlo asumir como poder político de su época (“entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo” Juan 6.15) pero no tenía problemas en prepararles un asado a la orilla del mar a sus amigos (“Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar”. Juan 21. 9-10)

¿Dónde prefiere estar Jesús hoy? Escondido de la religión, cercano a los que lo buscan con sencillez, alejado de los edificios lujosos y de los orgullosos por excelencia; cercano a los corazones quebrados, dispuesto a marcar el transito correcto para los corazones desorientados en las olas de la vida, incomodo con los trampolines siniestros de los poderosos que crecen a costa de los más débiles, regocijado con los niños y los mas vulnerados por el Status Quo.

Si quieres encontrar a Jesús en Jerusalén, recuerda que su rostro se endurecerá. Si quieres encontrar a Jesús en las orillas del Mar de Galilea, El compartirá contigo.

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