Pincel en las manos

Creando conciencia solidariaPor: Martín CarrascoPincel en las manos

 

Con mi esposa Lu estamos prontos a mudarnos a la nueva casa. En la espera del nacimiento de nuestra bebé, estamos haciendo los preparativos de la nueva casa, acondicionando todo para que cuando Maite llegue, la casa nueva esté lista. 

En estos días, algo inédito en mi vida, me encontré con un pincel en las manos. Y mientras hacía esto, pensaba en Jesús. El Maestro, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, mientras aguardaba su tiempo, también tenía un pincel en sus manos, un martillo con un manojo de clavos, sus manos llenas de aserrín.

Que tremendo es saber que el Salvador del mundo, mientras esperaba el tiempo de comenzar su ministerio, no se desesperaba sino que disfrutaba. Varias preguntas rondaban mi cabeza mientras tanto… 

¿Será que mientras aguardamos “el gran ministerio” nos perdemos el servicio cotidiano? 

¿Será que mientras esperamos “la gran felicidad” nos perdemos las pequeñas alegrías?

¿Será que estamos tan acostumbrados a vivir inundados de ansiedades y búsqueda del progreso que no sabemos vivir un día a la vez?

¿Será que, obnubilados por la meta, nos perdemos el paisaje del trayecto? 

Mientras estaba sumido en mis pensamientos, por unos instantes en mi interior le preguntaba a Dios: Señor, ¿Cuándo llegara el tiempo?  ¿Por qué debemos pasar ciertas cosas para poder servirte? Y allí recordé al Maestro. La Biblia no nos da mucha luz de sus treinta años anteriores a comenzar el ministerio, pero si claramente refleja el carácter de Jesús, que era un viviente diario. Jesús no quemaba etapas, las superaba una tras una. Y este es, a mi entender, uno de los grandes males de este tiempo para aquellos que son llamados al ministerio: no saber cerrar etapas.

No nos cae muy bien la idea de esperar. Al contrario, nos cae muy mal. Insertos dentro de la era de lo instantáneo, queremos todo para ayer. Y es en ese preciso instante donde fallamos. Pensando en lo que nos falta, desvalorizamos lo que ya tenemos. Pensando en donde queremos llegar, nos olvidamos donde ya estamos. Sin embargo, hay algo más sabio que esto, y es el aprender a cerrar etapas. Quiero terminar con esta frase, que vino a mi como consigna de vida: todo lo que no cerremos adecuadamente, a la larga terminara siendo un estorbo.

Esa frase si que me pego fuerte… mejor sigo con el pincel… 

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