Misioneros rusos llevan el mensaje de salvación a la remota Mongolia Occidental

mongoliaMongolia es una de las regiones más remotas del mundo… y allí pocos han escuchado de Jesucristo. Pero, un equipo cristiano ruso visitó el país para compartir las Buenas Nuevas del evangelio.

Ese país es conocido como la tierra del cielo azul.

Eso es porque aquí las personas disfrutan más de 250 días soleados por año

Sin salida al mar entre China y Rusia, es uno de los países menos poblados, con solo un poco más de 2 millones de personas. Más de la mitad vive en la ciudad capital de Ulán Bator.

El resto de Mongolia, que es aproximadamente tres veces el tamaño de Francia, se ve así: praderas sin árboles donde muchos tienen una vida nómada, criando ovejas, cabras, ganado, camellos y caballos.

Y casi no hay calles pavimentadas.

Un equipo periodístico se unió a 46 cristianos de Rusia que iban a la remota Mongolia Occidental, donde pocos han oído el mensaje del amor de Cristo.

El pastor Pavel Barsokov dirigió la misión.

“El corazón de mi Señor Jesucristo es para los perdidos y heridos; yo quiero tener el mismo corazón”, comenta Barsokov.

Durante nueve años, Barsokov hizo decenas de viajes a Mongolia, trayendo a jóvenes cristianos rusos, entrenados y equipados para servir como posibles misioneros y evangelistas.

Alena Barsukova, de 17 años, dijo a los medios de comunicación que recibió el llamado a las misiones a una edad temprana. Esta es su tercera visita a Mongolia.

“Cuando tenía 9 años, leí un libro de un misionero en un país extranjero y, desde entonces, he tenido un deseo ardiente por compartir el amor de Dios con quienes no lo conocen”, dice Alena Barsukova.

Este es el primer viaje de Natasha Gorodnuk. Ella quiere servir en Nepal.

“Cada vez que lo pienso, mi corazón se quebranta porque ese es el llamado para mi vida y sé lo que se supone que debo hacer”, precisa Gorodnuk.

Por varias semanas, Natasha, Alena y cuatro decenas de otros rusos se unieron a cristianos mongoles en campamentos evangelísticos juveniles.

“Hace años, empezamos a trabajar juntos con los hermanos rusos para alcanzar a mi pueblo con el amor de Dios. Lo que hacemos es vital para cambiar corazones y mentes”, expresa Anhaa Zaya, líder cristiano de Mongolia.

Entre juegos y el disfrute de actividades al aire libre, organizadores de campamentos, como Natasha Greschenko, presentan el cristianismo a los mongoles. Esta es su décima visita.

“Estos niños son el futuro de Mongolia. Son futuros pastores, plantadores de iglesias y posibles líderes de este país. Dios mediante, ¡llevarán el Evangelio en sus corazones e impactarán su nación para Cristo!”, dice Greschenko.

Para apreciar mejor la importancia de estos campamentos, hay que entender la historia del cristianismo aquí en Mongolia. Poco después de la caída del comunismo, había solo 10 creyentes en todo el país. Hoy, unos 26 años después, hay 60 mil creyentes distribuidos por toda esta gran nación.

“Estamos en un área remota de Mongolia occidental, y sigue siendo uno de los lugares menos alcanzados en el mundo”, comenta Michael Cherenkov, de Misión Eurasia.

Cherenkov, de Misión Eurasia, es co-patrocinador de los campamentos. Su grupo se enfoca en alcanzar la próxima generación de líderes cristianos en países de la antigua Unión Soviética y en las naciones vecinas.

“A veces pensamos que las personas en el mundo saben de Jesús, pero hay lugares como este que nunca han sido tocados por el Evangelio. Por eso estamos aquí, cambiando una vida a la vez”, indica Cherenkov.

Así que campamentos como este sirven para compartir el evangelio a personas jóvenes.

Vidas como la de Buyanna Davaasambuu de 22 años, quien aceptó a Cristo mientras asistía al campamento cuando era una niña. Se graduó de la Universidad Bíblica en mayo y se alista para ir al campo misionero.

“Este campamento fue fundamental para conocer el amor de Dios y preparar mi corazón para ser misionera. Trato de volver cada año para compartir mi experiencia de cómo conocí a Cristo”, indica Davaasambuu.

Para otros, como Mashbat Bassan, un budista de 16 años de edad, aprendió por primera vez del cristianismo.

“Antes de venir a este campamento, nunca había oído de Dios. Aprendí hoy, en el estudio bíblico, que Dios creó los cielos y la tierra, los animales y criaturas del mar. Nunca había oído estas historias”, indica Bassan.

Esta también es la primera experiencia de Khalium Myagmardorj en el campamento.

“Muchos mongoles no creen en Jesús y antes de venir al campamento, pensé que no necesitaba saber nada sobre Él. Pero, ahora mi corazón ha cambiado y he aprendido mucho más del cristianismo”, dice Myagmardorj.

En total, unos mil jóvenes mongoles escucharon el evangelio, muchos de ellos por primera vez.

“Yo sé que hay toda esta controversia sobre Trump y presuntos complots con Rusia, pero motivo a los cristianos en ambos países que no se enfoquen en esto. Millones de personas alrededor del mundo van al infierno porque no conocen a Jesucristo. No estoy interesado en política, ni lo qué piensan Trump o Putin. Estoy interesado en hablarle a la gente de Jesús. Las vidas están en juego y somos llamados a ir y hablarles a otros del amor de Cristo. Eso hacemos aquí en Mongolia”, concluye Barsokov.

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