Ingrediente indispensable

Ingrediente indispensableLa comunidad de fe existe, entre otras cosas, para ayudarnos a vivir plenamente el proyecto de Dios

Versículo: Hebreos 10:24-25

Queda claro que las reiteradas exhortaciones a mantener firme nuestra convicción es por la existencia de una gran debilidad en quienes somos discípulos. La fe, firme y confiada, debería ser normal en el pueblo de Dios. Nuestra historia, sin embargo, revela que la manifestación de una fe osada es excepcional. De hecho, Jesús experimentó asombro cuando fue testigo de la sencilla fe de un centurión, algo que no había visto en todo Israel (Lucas 7:1-9).

El Señor conoce la debilidad que permanentemente erosiona nuestros intentos por transitar por los caminos que él nos marca. Por esto, nos ha provisto de una genial solución: El Cuerpo de Cristo, su iglesia. Aquí nos topamos con una barrera cultural fuerte, pues para nosotros la iglesia es el salón en el que se encuentran los creyentes. Nuestro idioma lo refleja: «vamos a la iglesia», «la iglesia está cerrada» o «decoramos la iglesia para un casamiento». Esta evolución es fruto de decenas de siglos en que se llegó a asociar al grupo de creyentes (iglesia), con el lugar donde se reunían. Eventualmente, los conceptos se fusionaron.

Hoy, la palabra «iglesia», para la mayoría, se refiere a un edificio.

Iglesia, en el Nuevo Testamento, se refiere al conjunto de personas que comparten una misma fe en Cristo. Estas personas pueden estar reunidas o dispersas, pero nunca dejan de ser miembros de la iglesia. Su función, entre otras, es la que expresa el autor en el texto de hoy: «Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones. Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros» (NTV).

Busquemos la forma de motivar y animarnos los unos a los otros. Es decir, ¡no nos empecinemos en que tenemos que salir adelante solos!

Lamentablemente, hoy existe una fuerte orientación hacia el esfuerzo del individuo. Una convicción común en la Iglesia es que puedo echar mano de la vida abundante que Cristo promete si soy suficientemente diligente en practicar las disciplinas espirituales.

Esta noción está muy alejada del concepto del Nuevo Testamento, donde nuestros hermanos existen para animarnos cuando nos faltan las fuerzas. No me cabe duda de que esta es la razón por la que Jesús escogió formar a los Doce dentro del contexto de un grupo.

Los exhortó como grupo, los corrigió como grupo y los animó como grupo. Estaba fijando en ellos la idea de que los estaba llamando a ser miembros activos de una comunidad, comprometidos con el crecimiento de todos.

Es, para mí, una gran alegría ver que resurgen las células y los grupos caseros donde se puede cultivar mayor intimidad con un grupo reducido. Yo necesito a mis hermanos. Ellos me necesitan a mí. ¡Crezcamos juntos! 

Por Christopher Shaw

Fuente: desarrollocristiano.com, (2014),  Ingrediente indispensable, abril 22 de 2014, http://desarrollocristiano.com/devocional.php?id=1193&c=all. Imagen: google

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