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EL VERDADERO MINISTRO

El Ministro cristiano, como alguien ha señalado, no es descendiente de oradores griegos, sino de los profetas hebreos.

Las diferencias entre el orador y el profeta son muchas y radicales, siendo la más importante de ellas que el orador habla por sí mismo, mientras que el profeta habla de parte de Dios.

El orador da origen a su mensaje y es responsable por el contenido del mismo. El profeta no da origen a nada, sino que entrega el mensaje que ha recibido de Dios, quien es el único responsable de su contenido, mientras que el profeta es responsable ante Dios, por la entrega de ese mensaje. El profeta debe escuchar claramente el mensaje y debe expresarle fielmente. Esa es, por cierto, una grave responsabilidad; pero es delante de Dios y no de los hombres.

Decirle a un predicador que es original es un cumplido dudoso. El esfuerzo por resultar original se ha convertido en una trampa para más de un joven recién salido del seminario, que rechaza el trigo puro de la Palabra y trata de alimentar a su congregación con paja fabricada por él mismo. Puede ser paja dorada, pero igualmente nunca podrá alimentar el alma.

El verdadero predicador es un hombre de Dios hablando a los hombres, es un hombre celestial testificando de Dios en la tierra. Como es un hombre de Dios puede descifrar el mensaje que recibe del cielo y expresarlo en el lenguaje de la tierra.

L.C.

 

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